Tomate

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TRAS LA PAPA o patata, el tomate es la planta de la familia de las Solanáceas más extendida y cultivada en todo el mundo. Fueron los exploradores españoles quienes la introdujeron por primera vez en Europa desde Perú y México en el siglo XVI, aunque tuvieron que pasar más de doscientos años para que el tomate empezara a ser aceptado en Francia, Alemania y norte de Europa.

Su similitud con los frutos rojos de la belladona, planta tóxica que también pertenece a la misma familia botánica, hizo que se considerara al tomate como venenoso. De hecho, esta hortaliza no fue plenamente aceptada en la cocina alemana y norteamericana hasta bien entrado el siglo XX.

En los países del sur de Europa, el tomate fue mucho mejor recibido. Desde su llegada en el siglo XVI se ganó un lugar destacado en la gastronomía italiana y española, hasta el punto de que hoy es un elemento insustituible en la dieta mediterránea.

En nuestros días, el tomate ha sido redescubierto por los especialistas en nutrición, quienes han visto en él bastante más que un ingrediente para las ensaladas, o que una salsa sabrosa para ciertos guisos. El poder curativo que el tomate muestra en muchos trastornos, así como su acción preventiva sobre ciertos tipos de cáncer, especialmente el de próstata, hacen de esta hortaliza un auténtico alimento-medicina aceptado por todo el mundo.

 

Propiedades e indicaciones

El tomate fresco es muy rico en agua (casi un 94% de su peso). Contiene una pequeña proporción de hidratos de carbono (3,54%), proteínas (0,85%) y grasas (0,33%). Los hidratos de carbono están formados principalmente por glucosa y fructosa. En conjunto, estos nutrientes aportan 21 Kcal/100 g, una de las cifras más bajas de todos los alimentos vegetales, inferior incluso a la de los espárragos: 23 Kcal/100 g.

Sin embargo, el valor nutritivo y dietoterápico del tomate reside en su riqueza vitamínica y mineral, así como en las sustancias no nutritivas.

En cuanto a vitaminas, la más abundante es la C (19,1 mg/100 g), cantidad inferior a la de la naranja (53,2 mg/100 g) pero suficiente como para hacer del tomate un buen antiescorbútico. Un tomate de 100 g cubre la tercera parte de las necesidades diarias de esta vitamina para un adulto.

Las vitaminas B1, B2, B6, niacina y folatos están todas representadas con cantidades significativas. La provitamina A está presente (62 ug ER/100 g), aunque en cantidad muy inferior a la zanahoria (2.813 ug ER/100 g) o el mango (389 ug ER/100 g).

Entre los minerales destaca el potasio, con 222 mg/ l00 g, seguido del hierro (0 ,45 mg/100 g), el magnesio y el fósforo. El tomate es una buena fuente de hierro, pues a igualdad de peso contiene unas nueve veces más de este mineral que la leche (0,05 mg por 100 g), aunque unas tres veces menos que el huevo (1,44 mg/l00 g). Sin embargo, aunque pueda parecer sorprendente, un tomate mediano, de 180 g de peso, contiene el mismo hierro que un huevo de tamaño normal (unos 60 g).

Los componentes no nutritivos son sustancias presentes en los alimentos, que, aunque no se las considera como nutrientes en el sentido tradicional, ejercen importantes funciones en el organismo. En el tomate destacan los siguientes:

  • Fibra vegetal: Contiene una pequeña cantidad (1,1%) de fibra de tipo soluble, que se encuentra en la pulpa y especialmente en la sustancia mucilaginosa que rodea las semillas. La fibra contribuye a su acción reductora sobre el colesterol sanguíneo y a su suave efecto laxante.

  • Ácidos orgánicos, especialmente el málico y oxálico, que contribuyen a su peculiar sabor. A medida que madura el tomate, disminuye su concentración de ácidos y aumenta la de azúcares.
    A pesar de que el tomate tiene un gusto ácido debido a estas sustancias, le ocurre como al limón: produce un efecto contrario, es decir, una alcalinización en la sangre, en los tejidos orgánicos y en la orina. Ello se debe a que contiene muchas más sustancias de reacción alcalina (las sales minerales) que ácida.

  • Licopeno(o licopina): es el pigmento vegetal perteneciente al grupo de los carotenoides, que otorga el típico color rojo al tomate. A diferencia del beta-caroteno, el licopeno no se transforma en vitamina A. Debido a ello, durante un tiempo se pensó que el licopeno carecía de importancia fisiológica. Sin embargo, cada vez son más numerosas las investigaciones que demuestran la importancia del licopeno para el organismo.


En la Universidad Heinrich-Heine de Düsseldor (Alemania), uno de los centros en los que más se ha investigado acerca del LlCOPENO del tomate, se han llegado a las siguientes conclusiones:

  • El licopeno está normalmente presente en la sangre humana, (0,5 umol por litro de plasma). Junto con el beta-caroteno, es el carotenoide más abundante en el organismo humano.

  • También se encuentra en los testículos, en la próstata y en las glándulas suprarrenales.

  • Ejerce una intensa acción antioxidante, impidiendo el deterioro que los radicales producen en las células del ADN.

  • Interviene en los mecanismos de control del crecimiento celular. En ausencia de licopeno, las células crecen más desordenadamente.

 

Como resultado de su composición, el consumo del tomate está especialmente indicado en los siguientes casos:

  • Afecciones prostáticas: Diversos estudios realizados en la Universidad de Harvard (EE.UU.) han puesto de manifiesto que los varones que consumen habitualmente tomate fresco, así como salsa o jugo de tomate, presentan un riesgo mucho menor de padecer cáncer de próstata.

  • Este hecho resulta fácilmente explicable teniendo en cuenta que el tomate es el alimento más rico en licopeno, carotenoide que protege a las células de la próstata de la oxidación y del crecimiento anormal. El consumo habitual de tomate en cualesquiera de sus formas, se muestra como un importante factor preventivo del cáncer de próstata, uno de los más frecuentes en los varones.

  • Teniendo en cuenta lo que sabemos sobre la acción del licopeno en el tejido prostático, podemos deducir que el consumo habitual del tomate favorece el buen funcionamiento de la próstata en general. Además de evitar la degeneración cancerosa de sus células, el tomate puede reducir también el crecimiento excesivo de esta glándula (hipertrofia benigna de la próstata), tan frecuente entre los hombres de más de cincuenta años.

  • Depurativo: El tomate es un gran alcalinizador de la sangre, con lo que neutraliza y facilita la eliminación de los residuos metabólicos que en su mayor parte son de naturaleza ácida. Además es diurético y facilita el trabajo de los riñones. Su uso habitual es muy recomendable para "limpiar" la sangre en caso de gota (exceso de ácido úrico), insuficiencia renal con aumento de urea en la sangre, o intoxicación crónica por una alimentación rica en carnes y proteínas de origen animal.

  • Depresión inmunitaria (disminución de las defensas): Por su riqueza en vitaminas y minerales, y sobre todo en carotenoides antioxidantes (licopeno y beta-caroteno), el tomate es un estimulante natural de las funciones inmunitarias. Aumenta las defensas antiinfecciosas del organismo, que son las que finalmente eliminan a los agentes infecciosos (no son los antibióticos, en contra de lo que vulgarmente se cree).

  • Arteriosclerosis: Por su acción antioxidante, el tomate evita la oxidación del colesterol transportado por las lipoproteínas de baja densidad (LDL), que da lugar al estrechamiento y endurecimiento de las arterias (arteriosclerosis). El tomate es muy útil como preventivo para todos aquellos que padezcan de trastornos de la circulación arterial, incluida la angina de pecho y el infarto de miocardio.

  • Afecciones cancerosas: Ya hemos dicho que el consumo de tomate protege contra el cáncer de próstata. Estudios realizados en Italia muestran cómo el consumo habitual de tomate previene igualmente el cáncer de boca, de esófago, de estómago, de colon y de recto. Los investigadores definen a este alimento típico de la dieta mediterránea como altamente protector en todo tipo de cánceres del aparato digestivo.

 

 

  1. Crudo: Constituye la forma más saludable de consumir el tomate.

  2. rito: Resulta sabroso aunque un poco indigesto para los estómagos delicados.

  3. Jugo y salsa de tomate: Son muy ricos en vitamina C y sales minerales, pero los preparados comercialmente contienen mucha sal y bastantes aditivos que pueden provocar reacciones alérgicas.

 

El tomate y el ácido oxálico

Durante muchos años se ha estado prohibiendo el tomate a los que padecen cálculos renales, debido a su contenido en ácido oxálico. Esta sustancia junto con el calcio forma sales insolubles (oxalato cálcico), las cuales precipitan en forma de cálculos o piedras.

Sin embargo, no hay razón para eliminar el tomate de la dieta de los enfermos renales. Su contenido en ácido oxálico es muy bajo(5,3 mg/l00 g), similar al de muchos otros alimentos e inferior al de la lechuga (17 mg/l00 g), el té (83 mg/l00 g) o las espinacas (779 mg/l00 g).

Además, el tomate es un buen diurético y depurativo que facilita la función renal.

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